kuroganekiba

Segunda parte: El camino del exilio

In Los pasajes del Tiempo on agosto 30, 2010 at 10:57 pm

No te preocupes, no te odio, saber la verdad es duro, pero aún así decidí este camino, y con el una vida tan difícil como la tuya.

Aquella noche me contó toda la historia, pasaron quince años antes de que decidiera explicarme lo que pasó, como me arrancó del vientre de mi madre, como tomó el camino a este mundo tan vacío que llaman paraíso, y como terminé en su custodia, no le reprocho nada, eso lo juro, es solo que me gustaría saber como se siente vivir libre y no como una esclava y como una fugitiva.

Después de un momento, cuando terminó de contar su historia, empecé a realizar preguntas como “¿Por qué arriesgarse tanto?” o “¿No pudo dejarme con lo de mi especie?”, pero todas mis preguntas estaban vacías para mi, me gustaba mi vida, amaba a mi amo, ser su esclava era una vida tranquila, el siempre estaba sentado en su habitación con un aire oscuro, pero cuando era niña siempre jugaba conmigo, y durante mi juventud siempre fue tierno y gentil, a diferencia de los demás humanos en el paraíso lo único de esclavitud que llevaba era el collar negro que apretaba mi cuello, e incluso eso tuvo un arreglo para mi amo, que le puso una pequeña flor de diamantes purpuras para que se notara mi libertad.
“Lo lamento, cuando te traje no respirabas, así que pasé la puerta del paraíso creyendo que no te pondrían la marca, pero incluso si estás muerto las mismas puertas rompen un pedazo y lo colocan en tu cuello para recordarte que no perteneces aquí y que solo eres un insecto inferior”. Las palabras de mi amo eran muy duras, pero mientras las pronunciaba noté lágrimas en sus ojos, era algo extraño ver lágrimas en el ser que producía una lluvia de llanto con cada palabra que decía frente a los dioses.

Finalmente terminó su relato cuando tres días después de traerme y tenerme escondida logró convencer a su antigua esclava que fingiera ir con el a la tierra, donde ella tomaría a su futuro reemplazo de un orfanato, los dioses pueden haber pasado las puertas de los cielos, pero no tienen el poder para ver nada en la tierra, es por eso que el nombre de mi amo es tan preciado en el paraíso, porque el es los ojos de los dioses, sin el no son más que insectos sin antenas en un castillo fácil de quemar.

“Eras la ultima esperanza para redimir mis atroces pecados, la espada con la que maté a tu madre la guardé en las ruinas del paraíso, en la antigua ciudad del cielo, allí te bañé con mi sangre, convirtiéndome en tu dueño y tomando el derecho de darte un nombre. Ahora llevas la maldición de la ciudad que pasó las puertas malditas, para recordar mi elección de dejar el mundo para el que me crearon. Con el fin de tomar el camino de un traidor necesito un arma, este día mi visión te mostró como la conquistadora del mundo y como la nueva maestra de la muerte, es la fecha exacta, pero no cumpliste tu destino de crear el caos en la tierra, porque te necesito para aniquilar a todos en este lugar, te usaré para cortar las alas de los ángeles y envenenar la sangre de los dioses.”
Las palabras de mi amo me llenaron de orgullo, ser su objeto era mi más ansiado deseo, ahora podría vivir como se me enseñó, siendo una herramienta para quien me cuide, y manteniendo el honor de quien ame.

“Si ese es el camino que decidió para mi lo tomaré con gusto, deme una vez más su sangre y con ella una orden, y por el juramento que hice al abrir los ojos por primera vez la cumpliré sin falta”

Han pasado muchas cosas desde entonces, estoy aquí en el fin de todo, viendo partir al hombre que amo a una muerte segura, y aún así no me arrepiento de haber aceptado su sangre, mientras corra por mis venas juro que haré lo que sea por el, ese es camino que escogí, el del odio eterno.

A la mañana siguiente encontré un cuchillo junto a mi cama con una nota que decía “Tomarás tu decisión en el lugar que lleva tu nombre, piénsalo bien, si me sigues el mundo cambiará para siempre, si logro mis objetivos cumpliré la misión que quedó pendiente hace quince, cuando todo esto termine te mataré con mis propias manos”. Al leerla no pude sino reír de alegría, mi muerte sería tal y como la imaginé noche tras noche antes de dormir, finalmente era feliz.
La nota terminaba con “mi reunión terminará pronto, no lleves nada, ni siquiera tu ropa será necesaria, de todas formas no la usarás a donde iremos.”

Corrí con todas mis fuerzas, la ciudad que llevaba mi nombre era muy cerca, apenas medio día de camino, si corría serían unas cuatro horas, suficiente para prepararme para cualquier cosa.

Al correr pude recordar mi pasado, los días tranquilos de niñez aprendiendo todo de la mujer que me cuidó como madre, disfrutando las tardes de sol en los estériles campos de la ciudad del Edén, aprendiendo a complacer a un amo en cada acción, puliendo mis habilidades en los quehaceres de un hogar, disfruté cada mañana de prácticas, cada noche de clases, lo único triste por recordar fue la ejecución de mi mentora como castigo por deshonrar a mi amo al no cumplir con sus tareas a tiempo, e incluso eso terminó por ser un recuerdo feliz al recordar como mi amo me permitió dormir en sus rodillas aquella noche, no sabía los planes de mi amo, pero estaba segura que mi tan ansiada muerte sería rápida y me dejaría sonreír… fui muy ingenua, en realidad lo sigo siendo.

Al llegar a la entrada de la ciudad me esperaba mi amo con una sonrisa, en su mano derecha una espada de diamante manchada de sangre, en la otra un extraño bulto que colgaba como un péndulo, al estar más cerca pude reconocer la naturaleza del bulto, podía ver el atroz rostro del ángel demoníaco sonriendo malignamente, era la cabeza de su hermano, el maestro Samael. En cuanto mi amo me vio dijo con una voz mucho mas tenebrosa de la que recuerdo que antes tuviera pero con una gran sonrisa “Llegas tarde, Ciel.”

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